
Fue como una ráfaga de luz que iluminó no sólo mi pensamiento, llenándolo de recuerdos, sino también mi corazón. Cuántas cosas, cuanta felicidad, cuanta paciencia y lentitud en la vida, simple, franca, transparente, sin complicaciones ni cadenas; cadenas y máscaras que llegaron pocos años más tarde, luego de esa época maravillosa de la infancia, cuando junto a un jarro de leche de vaca con “choco presto”, en la ventana del comedor, al atardecer, mirando el espléndido huerto vecino, mi hermano imitaba ese cantar con una perfección asombrosa y que yo nunca jamás pude imitar. Mi hermano, travieso, tierno y compañero de aquellos años, cuando, muchas veces nos pudimos divertir y reír juntos… épocas que se perdieron luego. Aún me parecen tan estúpidos los motivos.Hacía tanto tiempo que no escuchaba esa melodía, esa que es un maravilloso estigma en mi mente y mi corazón. Ahora, sigo con el marco teórico.