
Y trato de llenarlo con variedad: trabajo, deporte, estudio, licor (mucho licor, a veces), pero no se va, o se oculta intimidado pero vuelve, siempre está ahí.
No sé qué sienta al final, quizá me acostumbre, no lo quisiera. Posiblemente las cosas sean así por algo, mientras tanto sigo, tratando de esquivar su fiereza, fuerza, ímpetu y soberbia, pero no lo logro del todo. Estoy a punto de decirme a ejercer una "ética del vacío personal" (¿qué escribí?).
Quisiera postear anécdotas, cosas simples y bonitas como lo hacen otros, pero no me deja, o no me decido, no sé, pero es que lo tengo tan cerca, en la cabeza, el corazón, la vista, el sexo...