
Hay momentos difíciles en la vida en los que uno no sabe qué hacer al instante, cómo reaccionar, qué rumbo tomar... situaciones que vienen de una manera tan inesperada pero frontal y contundente.
Cosas como: ya no podemos renovarte el contrato, o tu proyecto no fue aprobado, o, sabes, ya te estarás imaginando lo que te voy a decir, que por el momento no quiero estar con nadieeeeee... Como si se tratara de decirle a alguien: “hola, qué tal”.
Me he dado cuenta que casi todas las personas carecemos de tino y sentimiento para comunicar ciertas cosas que definitivamente van a herir a los demás, que los van de deprimir, que los van hacer caer muy profundo, tanto que quizá no encuentren la forma de levantarse. Lamentablemente es así, y lo hacen, o lo hacemos escudados en la sinceridad, en la prontitud que deben tener las cosas; en la globalización, porque “cuando llueve todos se mojan” o porque simplemente “las cosas se dicen de frente y sin rodeos”. Qué canivalismo, cuánta insensibilidad.
Y los que la sufrimos, pues la pasamos de hecho mal. A veces tenemos planes, sueños, caminos que nuestros corazones y cerebros han trazado con exactitud ingenieril, objetivos que deseamos cumplir peldaño a peldaño, no importa si lentamente, pero cumplirlos. Y ese momento es tan difícil, ¿cómo reaccionamos?, incógnita, cada persona es tan distinta, pero hay algo en común que nadie podrá jamás discutir: el alma, nuestro corazón siempre sufre en mayor cantidad, no importa si la cara, los gestos, dicen otra cosa, simplemente la procesión va por dentro. Y cuidado, esas terribles procesiones son las que van carcomiéndonos, llenándonos de infelicidad, hundiéndonos y haciendo que nos volvamos inestables, inseguros, temerosos.
Tan solo si todos actuáramos en este globalizado y competitivo mundo con más sensibilidad, con más amor, con más tino, en buena cuenta con más respeto y consideración, poniéndonos en el lugar del otro, que creo es la mejor y más precisa forma de respetarnos. Cuánta deshumanidad, en mayor o menor tamaño, pero ahí está escudándose en la modernidad.
¿Estamos ante una total escasez del que podría ser el más elevado de los valores?, el respeto, hacia dónde vamos, a veces son cosas pequeñas que pueden ir matándonos, y lo peor es que ni si quiera podemos gritar a causa de ese dolor, ni eso...