
He pasado tantos malos ratos en mis relaciones amorosas que estoy como autoexiliado de cualquier tipo de éstas. La verdad que me ha ido muy mal, pero muy mal. Si no era yo, eran esas “personitas” que se unían a mi para quererme, apasionarme, envolverme y al final, matarme. Es que, lean bien, debo ser algo así como un gato, que tiene siete vidas, o en este caso, siete corazones.
A mis 35 años he tenido ¡gracias a Dios! mucho sexo en mi vida, y qué rico ha sido; pero obviamente, el sexo no lo es todo, será por eso que uno busca algo más, se impresiona por alguien y ese alguien también ve algo en uno, se juntan, conversan, se emborrachan, bailan, fornican, se aburren, se distancian, se pelean, se hieren, se mienten, y finalmente se dejan. Pero qué bueno sería (o que justo) que sean ambos los que salgan mal o con las mismas consecuencias, pero no, como la vida misma, la inequidad está inmersa en las relaciones amorosas y siempre es uno de los dos quien termina destrozado, siempre es uno el que sufre, el que tiene que llevar la peor parte, siempre es uno el idiota que carga con el peso o las consecuencias de ese “nuevo gran error”.
Pues yo he sido uno de esos. Me he unido sentimentalmente con fuerza, pasión y determinación a cuatro “personitas” en mi vida (claro que a ninguna de ellas les fui fiel, es que ¿quién es totalmente fiel?) y vaya que mala suerte la mía, con ninguna pude hacer un camino mientras lo transitábamos, siempre terminamos mal y juro que no me considero responsable de ello, o quizá lo soy sin darme cuenta pero no lo creo, las cosas han sido así de desalentadoras.
Las “personitas”: La primera bien, vital, sexual, fresca, pero lamentablemente la distancia y la vida nos separó, pensé que quizá habría hecho algo para que lo nuestro siga, que se rompan las distancias, prevalezca el amor, pero no, la verdad no hizo nada y eso me defraudó bastante creo, me amargó. La segunda: ternura, inseguridad, amor, pasión, full sexo, tonta, putaza y con una falta de ambición en la vida que terminó por amargarme más y decepcionarme mucho más y me tuve que ir. Me buscó, pero no podía seguir junto a alguien que llenaba mi vida de mediocridad, que no me impulsaba a más, eso no lo soporto, no tolero estar al lado de alguien así y me dijo que se quedaba “muerta en vida”, pero lo que no se imaginaba es cuánto me costó y dolió dejarla así como lo hice, que también yo me quedaba muy pero muy mal, ahora veo que debí decírselo, para levantar en algo su autoestima, quizá esa omisión la pagué luego con la tercera y cuarta “personitas”.
La tercera personita: alegre, inteligente, ambiciosa, fuerte, pública y bien “puta”, pero así me gustaba, era como si ese “algo” que tenía y la hacía tan “perra”, eso, eso precisamente me impulsaba, me divertía, me hacía sentir importante por ser el “pseudo dueño” (iluso yo), de su amor, su tiempo, su dedicación, su preferencia. Al final, me dio una patada en el culo y se largó. Me dijo que me quería pero… Luego de varios años de terminar (estuvimos de 1997 a 1999) vino de visita, y francamente, nada que ver ya. Sentí que esa visita y esa invitación a comer que me hizo era para sacarse un peso de encima, sentí que luego de esa rápida pero entretenida entrevista se fue con tranquilidad en la conciencia, sentí que “no podía perdonarse” ese terrible rompimiento que me hizo caer tan abajo. No sé, a esa fecha tenía arrugas (2004) y esto que es menor que yo, tenía familia y un trabajo de 14 horas diarias, lástima porque al parecer no le iba muy bien que digamos, pero bueno, esa es la vida que le tocó después de mí.
Y la última y más nefasta “personita”, la cuarta: juventud, sociabilización, alegría, inteligencia, parranda, juerga, y falsedad, mucha falsedad. Amo tanto a esta “personita”, no sé hasta cuando, no sé porque pese a que rompimos (no, no fue así, rompió conmigo, esa es la verdad) en marzo de 2006, luego de sostener desde el 2002 la más extraña, dolorosa y a la vez simpática de las relaciones; pese a que ya ha pasado todo este tiempo, no hay un solo día que no le piense, que no le extrañe, que no le llore, que no le desee, que no “onane” con su rostro en mi mente y su completa existencia en mi corazón. Me ha dejado “con muerte sentimental”, me ha hecho decidirme a vivir sólo de sexo y no más de amor, me ha hecho ver a las personas objetos sexuales de “usar y echar”, me ha hecho tener la certeza que no sirvo para el amor. Me engañó, una y mil veces, me utilizó una y un millón de veces. En junio de 2006 hizo un año desde que copulamos por vez última, en los meses restantes antes del rompimiento sólo se dedicó a patearme el corazón hasta dejarlo hecho trizas, hasta obligarme a revestirlo con un armazón de hierro para que nadie nunca más lo toque.
¿Para eso me enamoré?, ¿para eso entregué mi corazón?, ¿para eso intenté ser no sólo el amante si no también el amigo?, para que cuatro ahora felices personitas (cada una de ellas tiene una pareja estable en la actualidad, al parecer en eso son felices) nunca hicieran el intento de sintonizar conmigo, para no merecer por lo menos su sinceridad con la que el rompimiento hubiese sido pronto, para que el tiempo no haga que el corazón al final sufra tanto.
Habrá pasado esto a muchos, o seré acaso yo uno de los pocos con semejante suerte. Sea como sea, yo ¡NO ME VUELVO A ENAMORAR!
A mis 35 años he tenido ¡gracias a Dios! mucho sexo en mi vida, y qué rico ha sido; pero obviamente, el sexo no lo es todo, será por eso que uno busca algo más, se impresiona por alguien y ese alguien también ve algo en uno, se juntan, conversan, se emborrachan, bailan, fornican, se aburren, se distancian, se pelean, se hieren, se mienten, y finalmente se dejan. Pero qué bueno sería (o que justo) que sean ambos los que salgan mal o con las mismas consecuencias, pero no, como la vida misma, la inequidad está inmersa en las relaciones amorosas y siempre es uno de los dos quien termina destrozado, siempre es uno el que sufre, el que tiene que llevar la peor parte, siempre es uno el idiota que carga con el peso o las consecuencias de ese “nuevo gran error”.
Pues yo he sido uno de esos. Me he unido sentimentalmente con fuerza, pasión y determinación a cuatro “personitas” en mi vida (claro que a ninguna de ellas les fui fiel, es que ¿quién es totalmente fiel?) y vaya que mala suerte la mía, con ninguna pude hacer un camino mientras lo transitábamos, siempre terminamos mal y juro que no me considero responsable de ello, o quizá lo soy sin darme cuenta pero no lo creo, las cosas han sido así de desalentadoras.
Las “personitas”: La primera bien, vital, sexual, fresca, pero lamentablemente la distancia y la vida nos separó, pensé que quizá habría hecho algo para que lo nuestro siga, que se rompan las distancias, prevalezca el amor, pero no, la verdad no hizo nada y eso me defraudó bastante creo, me amargó. La segunda: ternura, inseguridad, amor, pasión, full sexo, tonta, putaza y con una falta de ambición en la vida que terminó por amargarme más y decepcionarme mucho más y me tuve que ir. Me buscó, pero no podía seguir junto a alguien que llenaba mi vida de mediocridad, que no me impulsaba a más, eso no lo soporto, no tolero estar al lado de alguien así y me dijo que se quedaba “muerta en vida”, pero lo que no se imaginaba es cuánto me costó y dolió dejarla así como lo hice, que también yo me quedaba muy pero muy mal, ahora veo que debí decírselo, para levantar en algo su autoestima, quizá esa omisión la pagué luego con la tercera y cuarta “personitas”.
La tercera personita: alegre, inteligente, ambiciosa, fuerte, pública y bien “puta”, pero así me gustaba, era como si ese “algo” que tenía y la hacía tan “perra”, eso, eso precisamente me impulsaba, me divertía, me hacía sentir importante por ser el “pseudo dueño” (iluso yo), de su amor, su tiempo, su dedicación, su preferencia. Al final, me dio una patada en el culo y se largó. Me dijo que me quería pero… Luego de varios años de terminar (estuvimos de 1997 a 1999) vino de visita, y francamente, nada que ver ya. Sentí que esa visita y esa invitación a comer que me hizo era para sacarse un peso de encima, sentí que luego de esa rápida pero entretenida entrevista se fue con tranquilidad en la conciencia, sentí que “no podía perdonarse” ese terrible rompimiento que me hizo caer tan abajo. No sé, a esa fecha tenía arrugas (2004) y esto que es menor que yo, tenía familia y un trabajo de 14 horas diarias, lástima porque al parecer no le iba muy bien que digamos, pero bueno, esa es la vida que le tocó después de mí.
Y la última y más nefasta “personita”, la cuarta: juventud, sociabilización, alegría, inteligencia, parranda, juerga, y falsedad, mucha falsedad. Amo tanto a esta “personita”, no sé hasta cuando, no sé porque pese a que rompimos (no, no fue así, rompió conmigo, esa es la verdad) en marzo de 2006, luego de sostener desde el 2002 la más extraña, dolorosa y a la vez simpática de las relaciones; pese a que ya ha pasado todo este tiempo, no hay un solo día que no le piense, que no le extrañe, que no le llore, que no le desee, que no “onane” con su rostro en mi mente y su completa existencia en mi corazón. Me ha dejado “con muerte sentimental”, me ha hecho decidirme a vivir sólo de sexo y no más de amor, me ha hecho ver a las personas objetos sexuales de “usar y echar”, me ha hecho tener la certeza que no sirvo para el amor. Me engañó, una y mil veces, me utilizó una y un millón de veces. En junio de 2006 hizo un año desde que copulamos por vez última, en los meses restantes antes del rompimiento sólo se dedicó a patearme el corazón hasta dejarlo hecho trizas, hasta obligarme a revestirlo con un armazón de hierro para que nadie nunca más lo toque.
¿Para eso me enamoré?, ¿para eso entregué mi corazón?, ¿para eso intenté ser no sólo el amante si no también el amigo?, para que cuatro ahora felices personitas (cada una de ellas tiene una pareja estable en la actualidad, al parecer en eso son felices) nunca hicieran el intento de sintonizar conmigo, para no merecer por lo menos su sinceridad con la que el rompimiento hubiese sido pronto, para que el tiempo no haga que el corazón al final sufra tanto.
Habrá pasado esto a muchos, o seré acaso yo uno de los pocos con semejante suerte. Sea como sea, yo ¡NO ME VUELVO A ENAMORAR!